Medio ambiente (Narración)

Habia una vez....
Era un día hace un cierto tiempo, en el que no nada especial paso, pero en el que sí tuve una pesadilla muy extraña. Era un día como cualquier otro, terminé el trabajo en el campo con mi padre y posteriormente esa mañana fuimos a intentar vender algo de verdura al mercado; y, sí, se vendió muy bien, pues es un puesto con una gran aceptación entre los lugareños, gracias a la simpatía de mi padre y de toda la familia en general. El día continuó por la tarde en la que quedé con mis amigos para hacer algo de ejercicio y jugar a un deporte nuevo: el “fútbol”, así lo llaman en el extranjero, aquí lo llamamos balón pie. Y…nada, ahí estuvimos pasando la tarde, que, al ser día de verano, hace muy buen tiempo. Al final de la tarde, como es habitual en las tardes de verano, nos fuimos al rio a refrescarnos y a estar con las amigas que estaban allí haciendo un picnic. Al concluir la tarde, después de haber cenado en casa, me fui a la cama porque no tenía nada que hacer y mis amigos no querían salir a dar una vuelta por el campo o la ciudad.
Al echarme a la cama, caí enseguida en un sueño muy profundo, y justo entonces empezó mi sorpresa. Todas las noches suelo tener algún sueño, los recuerde por la mañana o no, pero este día me resultó muy curioso, no era como ningún otro, era absurdo, pero me impresionó.
Todo empezaba en una casa maravillo, de cuento, todo estaba conectado a todo, era un gran circuito, había aparatos de los que no había oído hablar en mi vida y me resultaba imposible que existieran y, aún más, que yo los supiera utilizar. Al despertar sonaba un pitido en un aparato donde se observaba la hora, lo tuve que tirar contra la pared para hacerlo callar porque aquello no paraba. Luego miré en un armario blanco que había allí y vi unos trajes de unas telas muy cuidadas y suaves y me puse uno de color crudo con todos los complementos que encontré a juego. Después fui al baño donde todo era blanco, pero, por lo visto, estaba construido con roca blanca porque en una pieza vi que ponía “Roca”. Me lavé la cara y observé la cantidad de agua que salía por ese grifo .Era todo impresionante, pero, justo cuando me dirigía al salón de aquella casa mágica, me desperté de repente. Con cierto nerviosismo, miré el armario y el baño .Todo seguía igual: mis ropas de telas no nobles como las del sueño, el baño olía igual de mal que siempre, también habían desaparecido los restos de aquel aparato que sonaba tan mal.
Después de haberme tranquilizado, me volví a dormir. Esta vez me costó más debido a que esa noche hacía mucho frío y mis sábanas no eran especialmente recias, ya que era verano. Pero, al cabo de un rato, me dormí y, como me temía, volví a la puerta del salón de mi sueño. Me lo pensé varias veces, pero, al final, abrí la puerta y mi sorpresa fue monumental. Parecía un sueño (nunca mejor dicho): era un sinfín de colores y tonos, había una caja donde había gente que hablaba, pero estaban discutiendo todo el tiempo, también algún cuadro de algún pintor de los menos considerados de mi verdadera época; también un aparato, que, al tocarlo, empezó a reproducir una música muy fuerte y de un género desconocido para mí. Este aparato también acabó roto, pues los vecinos salieron al balcón y me llamaron de todo menos bonito, así que tuve que apagarlo de alguna forma.
Después de haber estudiado todo detenidamente y de ver lo que parecía una cocina, (en realidad, me lo imagine, porque lo ponía en la puerta, pues aquello no era una cocina como las que yo conocía) en la que pude apreciar sabores desconocidos y exóticos para mí, me dispuse a salir a la calle. Mis vecinos se introdujeron a un aparato que parecía una máquina del tiempo y me metí con ellos. Me preguntaron que a cuál iba y yo, todo convencido, les dije que a la época que fueran ellos y se me quedaron mirando con una cara de asco impresionante, pero yo seguí tan tranquilo a mi ritmo.
En unos instantes la máquina se paró y abrió la puerta, salí con mis vecinos a la calle. Aquello era un caos de vehículos a motor muy modernos que no paraban de pasar. Con un ambiente muy cargado, todo estaba lleno de luz y colorido; se escuchaban unos sonidos muy fuertes, entre obras, vehículos, etc.
Yo decidí seguir investigando para descubrir dónde estaba y me sorprendió ver las diferencias entre unas personas y otras, de vestimenta y aspecto; y es que, cada vez que cambiaba de calle, era un mundo nuevo. Llegué de una calle repleta de comercios textiles a una calle muy oscura donde no había más que vagabundos en el suelo y unos cuantos artilugios que pinchaban y unos trozos de un material de un color muy parecido a la plata.
De este último lugar salí muy pronto: no me gustaba nada el ambiente. Me quedé con unas cuantas anécdotas que no entendí: la gente me miraba continuamente en los barrios pequeños, pero, en cambio, en los multitudinarios ni me miraban. Intente enterarme de dónde me encontraba, pero nadie me contestaba; sólo se reían de mí y no sé por qué, pues iba vestido de gala, a diferencia de ellos; con una camiseta rosa, un traje de color crudo, una corbata (aunque aquella camiseta no tenia cuello), unas zapatillas rojas y un sombrero de pico; en una foto vi a un señor tocando un tambor que también lo llevaba. Otra cosa extraña fue que la mayoría de la gente de ese lugar llevaba un cilindro pequeño en la boca del que salía humo y que, en los sitios cerrados en los que estaban me quedaba sin respiración. De repente, me volví a despertar, miré a la ventana pero todo seguía igual y, muy extrañado, me volví a echar a la cama.
Al cabo de un tiempo me dormí y aparecí de nuevo en la habitación, pero, esta vez, el tiempo había cambiado muchísimo, desde la ventana se veía un gran aguacero y, al abrir la ventana, entró una ola de aire y frío impresionante que me hizo cerrar; era muy diferente al del sueño anterior en el que hacía un sol abrasador.
Posteriormente, me puse delante de aquella caja, de la que ya he hablado, y, como sólo había gente diciendo barbaridades, cogí otro aparato y, no sé cómo, la gente de aquella caja desapareció y apareció una chica muy arreglada y con una mirada muy seria, que hablaba de no sé qué del cambio climático y  de que se aproximaba la destrucción del planeta; hablaba de radiación, de humos, de capa de ozono; también habló de delincuencia, drogas, asesinatos y un sinfín de de historias muy perjudiciales para aquella sociedad. De repente se oyó algo tremendo y todo empezó a arder, las calles se desquebr… y me desperté.
Esta vez ya no me pude volver a dormir del miedo de aquello que no se explicar y que no pude terminar de ver, porque, aterrado, no me volví a dormir y estuve el resto de la noche en vela. Al día siguiente, se lo conté a los amigos y todos nos reímos, pero caímos en la conclusión de que era un sueño como cualquiera y de que todo era producto de mi imaginación. Por la noche, volví a soñar con una nube de palabras muy raras entre las que pude apreciar  destrucción, corrupción, ozono, contaminación… y aun otras más raras que no entendí qué hacían ahí, estas eran hijos, nietos, bisnietos,… >). ­- - -…_ _ _.

Iván Asín Izquierdo. 1º Grado CCAFyDE, UAH.